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El bacará es un juego de cartas en el que sólo es
necesaria una baraja. El objetivo consiste en
predecir qué mano -si la del jugador o la del
banquero- conseguirá un valor más cercano a nueve.
El bacará es el más antiguo de los juegos de casino
modernos. La evidencia documental sugiere que su
práctica podría remontarse hasta la Francia del
siglo quince, donde se llegó a conocer
ocasionalmente como punto-banco. Sólo existen tres
apuestas posibles y la partida con frecuencia se
desarrolla jugando por probabilidades de pago muy
altas. En los casinos tradicionales, las mesas de
bacará a menudo se encuentran en un recinto
especial, separadas del resto del Casino. La mesa de
bacará es fácil de reconocer, ya que suele ser
bastante grande, con asientos para albergar hasta
doce personas.
Al bacará se juega con una baraja francesa. Se
reparten dos manos, una al jugador y otra al
banquero, que contienen de dos a tres naipes. En
caso de que las dos primeras cartas del jugador o
del banquero tengan un valor igual o inferior a
cinco, se repartirá una tercera.
La mano ganadora será aquella que más se acerque a
nueve. El valor de una mano se obtiene al sumar el
valor de cada una de las cartas. Así, los ases valen
uno, mientras que las figuras y los dieces no poseen
valor y, por lo tanto, no inciden en el recuento
final de la mano. Las demás cartas poseen el valor
que representan (es decir: 2 = 2, 3 = 3, 4 = 4,
etc.).
Si el valor de una mano de bacará es mayor que
nueve, se considerarán sólo las unidades como parte
del total. Así, si una mano contiene un ocho de
tréboles y un siete de diamantes, su valor será 15.
En este caso, no se tendrán en cuenta las decenas de
ese total y se le dará un valor de 5. De igual modo,
si el valor total de las cartas fuera 20, no se
tendrían en cuenta las dos decenas, con lo que la
mano valdría 0. |
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